miércoles, 9 de junio de 2010

TARDE DE VERANO


Aún no sabia porque, pero durante los días previos había estado muy pendiente de las diversas informaciones meteorológicas que todas y cada una de las cadenas televisivas, habían emitido, aunque con algunas variantes, el denominador común era muy claro, subida importantes de temperaturas y gran sensación de bochorno veraniego. Alejandro, quería recuperar ese hermosos estado de luz y de mundo imaginativo. El único, que al menos hasta ese instante le hacia feliz. El único mundo donde era el protagonista estelar. El único mundo donde vivía con cierta intensidad la fuerza creativa y en ocasiones arrolladora como le habían dicho algún critico literario de su narrativa. Y sin darse cuenta, abrió de par en par la ventana siempre imaginativa de una tarde de verano. Atrás quedaron las tardes de domingo invernal, llena de goles, penaltis, grandes paradas, emociones y polémicas arbítrales. Atrás quedo la tarde de otoño de lectura plácida y café compartido. Atrás quedaron, a su vez, las tardes dulces y hermosas de primavera, para piropear con versos de composición propia a la mujer amada. Ya no existía ningún tipo de dudas que esa tarde de verano era totalmente diferente, Alejandro buscó de forma mecánica, moviendo con su mano derecha del dial de su pequeño receptor de radio, alguna emisora que le informara , sobre un aspecto concreto, que en ese momento necesitaba escuchar para que la verdadera huella de su verdad, nunca comprendida, llegara incluso ha hacerse publica. No tuvo suerte, un debate literario sobre el último libro publicado por un famoso escritor nacional, uniendosele a ello, una información sobre los estrenos cinematográficos, incluidos algunos cortes sonoros de los mismos, El monográfico dedicado a la canción española. Un amplio resumen de lo realizado por el equipo de baloncesto regional y una entrevista al presidente de la asociación de diabéticos locales, explicando el programa de actos con motivo de su décimo aniversario, eran los temas estelares que aquella tarde de verano, ocupaban en un alto porcentaje las ondas hercianas. Decepcionado, Alejandro, apagó su receptor se metió en la ducha dejó que el agua fría refrescara todo su cuerpo, mientras que el llamado “ oro liquido” dejara que también inundara su propia alma.
Aquella tarde de verano, cada vez mas calurosa, por otro lado absolutamente lógico, venia marcada para Alejandro como una tarde de recuerdos y reflexión, aun con su cuerpo desnudo- hacia apenas unos minutos que había puesto fin a la ducha diaria , buscó entre sus libros un fragmento de lectura, así, al azar, y encontró en un viejo libro de Paulo Cohello estas hermosas líneas, “ por mucha comunicación tecnológica que pueda existir la mejor de todas es encontrar la comunicación , en la mirada del ser humano”. Releyó un par de veces mas esa misma frase y comprendió entonces lo que debía de hacer , no cerrar sus puertas , abrir la ventana al mundo y salir a la calle a buscar , aquélla tarde de verano , esa mirada humana. Esa mirada reflejada en los ojos femeninos de cualquier hermosa mujer, tal vez, la misma que horas mas tarde estaria compariendo lecho junto a nuestro protagonista. O siemplemente la mirada de mujer, que descubriria en su interior la profundidad humana y comunicativa de la misma. Era el mayor de los misterios en aquella hermnosa tarde de verano.





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